B"H
Haciendo un Sacrificio
Cuando un Sofer STaM quiere evaluar el "estado de salud" de un determinado Sefer Torá una de las primeras acciones que toma es dirigirse a Parashat Pinjás. Siviéndonos de la parábola médica podríamos afirmar que Parashat Pinjás es el lugar por el cual se le toma la presión al Sefer...
Si uno recorre con la vista cualquier Sefer Torá va a apreciar que la porción más maltrecha siempre será Parashat Pinjás. La razón es simple; es la porción más leída del año. El maftir de cada festividad y de cada Rosh Jodesh pertenece a esta sección. Mientras que la mayoría de las secciones de la Torá son leídas tan sólo una vez al año, Pinjás es leída más de veinte veces lo cual provoca una lógico desgaste en su escritura.
¿Cuál es la relación de esta Parashá con Pesaj, Shavuot, Sukot, los Rashei Jodashim y con todas las fiestas de Israel?
En su sección final, Parashat Pinjás contiene un listado de todos los sacrificios públicos que se realizaban en el Santuario durante los días ordinarios y los días de fiestas. Cientos y cientos de animales eran traídos al Beit HaMikdash a lo largo del año a modo de sacrificios públicos.
Sin embargo, hoy no deseo hablar del modo en que se realizaban estas ofrendas. Deseo referirme a otro aspecto que atañe a la cuestión y que es de suma relevancia.
¿Quién solventaba estos sacrificios públicos? (¡Un novillo cuesta mucha plata hoy y costaba mucho entonces!).
¿Quién era el responsable de proveer esos animales al Templo?
La respuesta es: TODOS. Todo el pueblo de Israel era partícipe de la Avodat HaKodesh, del sagrado servicio del Beit HaMikdash.
El Talmud nos cuenta que a partir del 15 de Adar se ubicaban puestos a lo largo y a lo ancho del país para reclamar los fondos (el medio shekel) necesarios para solventar los gastos generales y los sacrificios públicos que se ofrendaban en el Beit HaMikdash (Meguilá 29b). RaSHI en su comentario al Talmud nos cuenta que las autoridades tenían poder coercitivo para embargar los bienes de aquellos que se negaban a participar de la Avodat HaKodesh (RaSHI ibid.).
Esto merece una reflexión: Ser parte del Avodat HaKodesh (que en nuestros días significa contribuir al mantenimiento de las sinagogas y las instituciones judías a la que asistimos con regularidad) es una responsabilidad indelegable. Hacerse el distraído es una transgresión mayúscula.
Un viejo chiste judío cuenta acerca de un joven que quería ingresar al Beit HaKneset en Rosh HaShaná para pedirle las llaves de su casa a su padre que estaba rezando adentro.
Sin embargo el joven no había ‘comprado’ su sitial para las Altas Fiestas. Cuando quiere ingresar, el shomer le pide su ‘entrada’ y el joven le dice no la tenía y que sólo deseaba ingresar unos minutos para pedirle las llaves a su padre y volver a su casa.
El shomer miró al joven y le dijo:‘Está bien, puedes entrar. ¡Pero que no te pezque rezando!’.
Entendámoslo bien: Cuando compramos un ‘sitial’ en las Fiestas no estamos comprando una platea para rezar. Cuando abonamos nuestra membresía anual a la sinagoga, no estamos comprando un servicio. Cuando ‘pagamos’ el Bar Mitzvá de nuestros hijos, no estamos ‘comprando’ minutos ‘de aire’ en los cuales nuestros hijos serán actores de una ceremonia religiosa.
Cuando compramos un sitial para los Jaguim, pagamos nuestra membresía a la sinagoga o abonamos un Bar Mitzvá para nuestros hijos estamos siendo parte de la Avodat HaKodesh. Y esto es algo indelegable, si asistimos a una congregación religiosa.
Un Beit Kneset no es un prestador de servicios. Servicios nos da la empresa de electricidad o el servidor de internet. Sostener un Beit HaKneset es Avodat HaKodesh. Es comparable a los sacrificios públicos que menciona Parashat Pinjás.
Y no es lícito, ni es justo, ni es procedente, reclamar sacrificios a nuestras congregaciones, si en nuestro fuero íntimo no estamos dispuestos nosotros a hacer uno.
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
miércoles 8 de julio de 2009
jueves 2 de julio de 2009
Parashat Balak 5769
B"H
El Síndrome Balak
Hace algunos años, recién llegado a Israel, pregunté a un olé vatik acerca del proceso de klita y de aclimatación al país.
Recordaré siempre lo que me dijo: "El proceso es simple; tiene tres etapas"."La primera etapa es cuando –recién llegado- te enojas con la Sojnut"."La segunda etapa, comienza alrededor del tercer año: es cuando comienzas a enojarte con el gobierno"."La tercera etapa, es la última. Es cuando comienzas a enojarte con los vicios de los olim jadashim, que van llegando al país". Y entonces finalizó y me dijo: "Cuando llegues a esa etapa, es porque tu klitá terminó".
Aun cuando no estoy seguro que los plazos mencionados en esta parábola sean del todo correctos, lo que sin duda es cierto es que tenemos una formidable capacidad para quejarnos y mostrar insatisfacción por las cosas que ocurren en nuestra sociedad.
Que la gente aquí es muy ruidosa.
Que la Sojnut no cumple lo prometido.
Que la gente no conoce los buenos modales.
Que el gobierno de aquí se parece al gobierno de allí.
Son todos argumentos que tienen una pizca de verdad, pero que están empapados de un síndrome muy israelí, al que me gusta llamar el "Síndrome Balak".
¿Qué es el "Síndrome Balak"?
Balak ben Tzipor era rey de Moab y había contratado a Bilam ben Beor, a fin de maldecir a Israel. Balak sabía que Bilam tenía un poder muy especial: aquel a quien bendecía era bendito y aquel a quién maldecía era maldito.
La Torá nos cuenta que Balak lleva a Bilam a la punta de un cerro para que pronuncie la esperada maldición que acabe con la gracia de los hijos de Israel. Pero ocurrió lo inesperado; cuando de boca de Bilam debían salir palabras de maldición, sólo salieron perlas, elogios y bendiciones para los hijos de Israel.
Desorientado Balak por la ‘falta de oficio’ de su contratado decide subirlo a otro cerro para que vea desde allí a Israel.‘Y le dijo Balak: Ven conmigo a otro lugar del cual podrás verlo. Pero sólo su extremo verás y maldícelo para mí desde allí’ (BeMidvar 23, 13).
Balak, que seguramente conocía perfectamente la topografía del lugar, decide subir al brujo a un lugar desde el cual sólo puede observar un extremo del pueblo.
¿Por qué?
Ese es el Síndrome Balak. Si algo es malo, TODO es malo.
Los defectos de una parte se transforman en defectos del conjunto.
Balak necesitaba conseguir la maldición de Bilam. Para hacerlo, lo mejor era que Bilam viera sólo una sección del pueblo. Que invalide a un pueblo entero por tener aspectos defectuosos.
El "Síndrome Balak" nos envenena.
Nosotros tenemos ese mismo síndrome cuando miramos solo aquellos aspectos de esta sociedad que nos lastiman y nos duelen.
Pero además del "Síndrome Balak" existe el "Síndrome Bilam", no menos peligroso. Bilam, de acuerdo a nuestros sabios, era ciego de un ojo. Ese síndrome también nos envenena.
Nada mejor –para maldecir- que ver solo una parte del pueblo con el único ojo del que disponemos.
Di-s nos regaló dos ojos no sólo porque es estético. Lo hizo porque sólo con dos ojos, podemos tener una mirada profunda de tres dimensiones.
Es peligroso ver el mundo "a la Bilam". Es peligroso mirarlo desde donde lo mira Balak.
Y es cierto que la gente aquí a menudo es muy ruidosa.
Que la Sojnut alguna promesa no cumplió.
Que algunos no conocen los buenos modales.
Que el gobierno de aquí por momentos se parece al gobierno de allí.
Pero eso es solo una parte de la historia.
Esa es la mirada de un solo ojo.
Si abrimos el otro ojo y miramos el cuadro completo nos habremos curado del "Síndrome Balak" y del "Síndrome Bilam".
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
El Síndrome Balak
Hace algunos años, recién llegado a Israel, pregunté a un olé vatik acerca del proceso de klita y de aclimatación al país.
Recordaré siempre lo que me dijo: "El proceso es simple; tiene tres etapas"."La primera etapa es cuando –recién llegado- te enojas con la Sojnut"."La segunda etapa, comienza alrededor del tercer año: es cuando comienzas a enojarte con el gobierno"."La tercera etapa, es la última. Es cuando comienzas a enojarte con los vicios de los olim jadashim, que van llegando al país". Y entonces finalizó y me dijo: "Cuando llegues a esa etapa, es porque tu klitá terminó".
Aun cuando no estoy seguro que los plazos mencionados en esta parábola sean del todo correctos, lo que sin duda es cierto es que tenemos una formidable capacidad para quejarnos y mostrar insatisfacción por las cosas que ocurren en nuestra sociedad.
Que la gente aquí es muy ruidosa.
Que la Sojnut no cumple lo prometido.
Que la gente no conoce los buenos modales.
Que el gobierno de aquí se parece al gobierno de allí.
Son todos argumentos que tienen una pizca de verdad, pero que están empapados de un síndrome muy israelí, al que me gusta llamar el "Síndrome Balak".
¿Qué es el "Síndrome Balak"?
Balak ben Tzipor era rey de Moab y había contratado a Bilam ben Beor, a fin de maldecir a Israel. Balak sabía que Bilam tenía un poder muy especial: aquel a quien bendecía era bendito y aquel a quién maldecía era maldito.
La Torá nos cuenta que Balak lleva a Bilam a la punta de un cerro para que pronuncie la esperada maldición que acabe con la gracia de los hijos de Israel. Pero ocurrió lo inesperado; cuando de boca de Bilam debían salir palabras de maldición, sólo salieron perlas, elogios y bendiciones para los hijos de Israel.
Desorientado Balak por la ‘falta de oficio’ de su contratado decide subirlo a otro cerro para que vea desde allí a Israel.‘Y le dijo Balak: Ven conmigo a otro lugar del cual podrás verlo. Pero sólo su extremo verás y maldícelo para mí desde allí’ (BeMidvar 23, 13).
Balak, que seguramente conocía perfectamente la topografía del lugar, decide subir al brujo a un lugar desde el cual sólo puede observar un extremo del pueblo.
¿Por qué?
Ese es el Síndrome Balak. Si algo es malo, TODO es malo.
Los defectos de una parte se transforman en defectos del conjunto.
Balak necesitaba conseguir la maldición de Bilam. Para hacerlo, lo mejor era que Bilam viera sólo una sección del pueblo. Que invalide a un pueblo entero por tener aspectos defectuosos.
El "Síndrome Balak" nos envenena.
Nosotros tenemos ese mismo síndrome cuando miramos solo aquellos aspectos de esta sociedad que nos lastiman y nos duelen.
Pero además del "Síndrome Balak" existe el "Síndrome Bilam", no menos peligroso. Bilam, de acuerdo a nuestros sabios, era ciego de un ojo. Ese síndrome también nos envenena.
Nada mejor –para maldecir- que ver solo una parte del pueblo con el único ojo del que disponemos.
Di-s nos regaló dos ojos no sólo porque es estético. Lo hizo porque sólo con dos ojos, podemos tener una mirada profunda de tres dimensiones.
Es peligroso ver el mundo "a la Bilam". Es peligroso mirarlo desde donde lo mira Balak.
Y es cierto que la gente aquí a menudo es muy ruidosa.
Que la Sojnut alguna promesa no cumplió.
Que algunos no conocen los buenos modales.
Que el gobierno de aquí por momentos se parece al gobierno de allí.
Pero eso es solo una parte de la historia.
Esa es la mirada de un solo ojo.
Si abrimos el otro ojo y miramos el cuadro completo nos habremos curado del "Síndrome Balak" y del "Síndrome Bilam".
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
miércoles 24 de junio de 2009
Parashat Jukat 5769
B"H
Golpe a golpe, verso a verso
Parashat Jukat, habla acerca de la muerte de Miriam, la hermana mayor de Moshé.
‘Y llegaron los hijos de Israel...al desierto de Tzin...y allí murió Miriam, y allí fue enterrada. Y no había agua para la comunidad, y congregáronse contra Moshé y contra Aharón’ (BeMidvar 20, 1-2).
No debiera llamarnos la atención que el pueblo quede sediento al morir Miriam. La figura de Miriam estuvo siempre íntimamente ligada al agua: Ella fue quien coloco al pequeño Moshé en las aguas del Nilo para salvarlo del decreto del faraón; ella fue la primera en tomar el pandero y cantar a Di-s luego del milagroso cruce de las aguas del Mar de los Juncos y, finalmente -durante la travesía del desierto- el pueblo de Israel iba acompañado por un milagroso pozo de agua que acampaba junto a ellos cada vez que acampaban y abastecía de agua a todo Israel.
Nuestros Sabios de bendita memoria nos enseñan que dicho pozo de agua le fue concedido a los hijos de Israel por mérito de Miriam (Taanit 9a). La Tosefta (Suká 3, 3) nos cuenta que el pozo "se detenía" junto a los hijos de Israel en cada uno de sus campamentos y se ubicaba frente a la Tienda del Plazo. Los jefes de las tribus lo rodeaban con sus varas y extraían agua de él por medio de cantos (véase BeMidvar 21, 17-18).
La muerte de Miriam marca entonces la muerte de una forma de extraer agua.A la luz de estos comentarios rabínicos podemos entender mejor el episodio de Mei Merivá que sucede a la muerte de Miriam y que marcará el punto de inflexión en la vida de Moshé (BeMidvar 20, 1-13). La historia de Mei Merivá nos muestra que las palabras y el canto dejaron de ser efectivos a la hora de extraer agua de la rocas. Luego de la muerte de Miriam, solo los golpes podían hacer aflorar agua. Moshé golpeará la roca y se jamás podrá ingresar a la Tierra con la que tanto soñó.
La Torá no sólo nos ubica frente a dos modelos pedagógicos diametralmente opuestos (la palabra vs. los golpes), sino también frente a dos vías diferentes para la resolución de conflictos: todo desacuerdo se puede resolver por medio de la voz, o –Di-s no lo permita- por medio de la violencia.
El pozo de Miriam se cuenta entre las diez creaciones milagrosas que Di-s creara en la víspera del primer Shabat (Avot 5, 6). Sin embargo, dicho pozo no sólo se define como milagroso por haber vagado en el desierto junto al campamento de Israel. El milagro se hacía aun más visible cuando las multitudes de nuestro pueblo veían que el canto y la voz –¡no los golpes!- eran la auténtica fuente de bendición.
Quiera Di-s iluminar a la humanidad toda, pueda recuperar dicha percepción.
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
Golpe a golpe, verso a verso
Parashat Jukat, habla acerca de la muerte de Miriam, la hermana mayor de Moshé.
‘Y llegaron los hijos de Israel...al desierto de Tzin...y allí murió Miriam, y allí fue enterrada. Y no había agua para la comunidad, y congregáronse contra Moshé y contra Aharón’ (BeMidvar 20, 1-2).
No debiera llamarnos la atención que el pueblo quede sediento al morir Miriam. La figura de Miriam estuvo siempre íntimamente ligada al agua: Ella fue quien coloco al pequeño Moshé en las aguas del Nilo para salvarlo del decreto del faraón; ella fue la primera en tomar el pandero y cantar a Di-s luego del milagroso cruce de las aguas del Mar de los Juncos y, finalmente -durante la travesía del desierto- el pueblo de Israel iba acompañado por un milagroso pozo de agua que acampaba junto a ellos cada vez que acampaban y abastecía de agua a todo Israel.
Nuestros Sabios de bendita memoria nos enseñan que dicho pozo de agua le fue concedido a los hijos de Israel por mérito de Miriam (Taanit 9a). La Tosefta (Suká 3, 3) nos cuenta que el pozo "se detenía" junto a los hijos de Israel en cada uno de sus campamentos y se ubicaba frente a la Tienda del Plazo. Los jefes de las tribus lo rodeaban con sus varas y extraían agua de él por medio de cantos (véase BeMidvar 21, 17-18).
La muerte de Miriam marca entonces la muerte de una forma de extraer agua.A la luz de estos comentarios rabínicos podemos entender mejor el episodio de Mei Merivá que sucede a la muerte de Miriam y que marcará el punto de inflexión en la vida de Moshé (BeMidvar 20, 1-13). La historia de Mei Merivá nos muestra que las palabras y el canto dejaron de ser efectivos a la hora de extraer agua de la rocas. Luego de la muerte de Miriam, solo los golpes podían hacer aflorar agua. Moshé golpeará la roca y se jamás podrá ingresar a la Tierra con la que tanto soñó.
La Torá no sólo nos ubica frente a dos modelos pedagógicos diametralmente opuestos (la palabra vs. los golpes), sino también frente a dos vías diferentes para la resolución de conflictos: todo desacuerdo se puede resolver por medio de la voz, o –Di-s no lo permita- por medio de la violencia.
El pozo de Miriam se cuenta entre las diez creaciones milagrosas que Di-s creara en la víspera del primer Shabat (Avot 5, 6). Sin embargo, dicho pozo no sólo se define como milagroso por haber vagado en el desierto junto al campamento de Israel. El milagro se hacía aun más visible cuando las multitudes de nuestro pueblo veían que el canto y la voz –¡no los golpes!- eran la auténtica fuente de bendición.
Quiera Di-s iluminar a la humanidad toda, pueda recuperar dicha percepción.
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
miércoles 10 de junio de 2009
Bar Mitzva

Nombre: Tal Shalev
Fecha de Nacimiento: 3.6.1996
Pais de Nacimiento: Israel
Pais de Nacimiento: Israel
Ciudad de Residencia: Kfar Bialik
Grado: 7mo.Colegio:
Grado: 7mo.Colegio:
Hobbies: boxeo tailandes
E-mail: shalevtal3@gmail.com
Parashat Shelaj 5769
B"H
El atajo
Los hijos de Israel se encuentran a las puertas de la Tierra Prometida.
Hace una semana, en Parashat BeHaalotjá, leíamos acerca del llamdo de Moshé a su suegro: "Y dijo Moisés a Jovav, hijo de Reuel el midianita, suegro de Moisés: Vamos de partida hacia el lugar del cual el Eterno dijo: Yo os lo daré. Ven con nosotros y te haremos bien, porque el Eterno ha prometido que traería el bien sobre Israel" (BeMidvar 10, 29).
La Torá sugiere que el camino hasta ingresar a la Tierra de Israel era de unos pocos días nomás. Y de hecho la Parashá de esta semana no hace más que confirmar dicha impresión: en cuarenta días, los meraglim (espías) de nuestra Parashá, partieron, espíaron, cortaron del fruto de la Tierra y regresaron al campamento.
En términos del mundo antiguo, sin medios de transporte, aviones y helicópteros, cuarenta días de caminata no parece ser gran cosa.
Y aun así, todos sabemos lo que ocurrió con aquella corta caminata a la Tierra de Israel. Esos cuarenta días, se convirtieron en cuarenta años, y aquel paseo de los espías, se transformó en una pesadilla para una generación entera.
Mientras Caleb -e Ieoshúa- dijeron: "Subiremos y tomaremos posesión de ella, porque ciertamente prevaleceremos sobre ella" (BeMidvar 13, 30), el resto de los espías afirmaba con espíritu derrotado: "La tierra por donde hemos pasado para explorarla, es tierra que consume a sus moradores" (BeMidvar 13, 32).
¿Qué es lo que viene a enseñarnos la historia de los meraglim?
Permítanme responder a esta pregunta sirviéndome de un cuento de Shmuel Iosef Agnon Z"L llamado "La cabra".
Cuenta Agnon que a un judío polaco se le había recetado la ingestión de leche de cabra.
El hombre fue al mercado a comprar el animal, pero éste solía desaparecer de tanto en tanto. No obstante, cuando la cabra regresaba a casa del hombre, sus ubres estaban colmadas de una leche más dulce que la mismísma miel.
El anciano -intrigado- reveló a su hijo su deseo de saber hacia dónde huía la cabra. El hijo decidió atar una soga al rabo del animal y cuando ésta se dispuso a partir, el joven tomó la soga en sus manos y fue trás ella.
La cabra ingresó en una cueva, y el joven caminaba detrás suyo. Y así siguieron caminando un par de horas (o tal vez un par de días) hasta que la cueva desembocó en un lugar de colinas cubiertas por árboles frutales.
El joven preguntó a los moradores del lugar acerca del nombre de aquel paraje y se le respondíó que se hallaban en Tzefat, en la sagrada Tierra de Israel.
El muchacho se recostó por un rato a descansar y al levantarse de su siesta se dispuso a regresar a su casa para traer a su padre a la Tierra Prometida. Sin embargo comprendió que era víspera del Shabat y que no le alcanzaría el tiempo para regresar.
Fue entonces que decició redactar una nota a su padre, en donde escribió: "He llegado felizmente a Eretz Israel y desde la santa ciudad de Tzefat te escribo. No preguntes cómo he llegado aquí. Toma la soga atada al rabo de la cabra y ve tras ella. Así llegaras seguro a la tierra de Israel".
El joven colocó la nota detrás de la oreja de la cabra. Suponía que al llegar la cabra hasta su padre, éste le acariciaría la cabeza y ésta movería sus orejas haciendo caer la nota. Su padre leería el mensaje y vendría hacia Tzefat tomado de la cuerda.
Sin embargo ésto no ocurrió. La cabra regresó pero la nota no cayó al suelo y el padre supuso erroneamente que su hijo había sido devorado por una fiera.
Fue entonces que –preso de la trsiteza- el hombre decidió degollar a la cabra. Finalmente al hacerlo, encontró la nota arrojada sobre la tierra y comprendió todo lo que había ocurrido.
Pero obviamente ya era tarde. La cabra yacía muerta delante suyo y el hombre jamás logró conocer el preciso lugar de aquella maravilosa cueva.
Desde aquel día –cuenta Agnon- el atajo que conduce a la Tierra de Israel permance oculto a nuestros ojos.
....
Desde tiempos inmemoriales, muchos son los judíos que buscan "atajos" en lo que respecta a la Tierra de Israel. Y el hecho de que dichos judíos hayan nacido en ella o hayan venido a ella desde la diáspora resulta simplemente irrelevante.
Buscar atajos para la tierra de Israel equivale a pensar del modo en el que pensaron diez de los doce espías: Si hay que luchar por ella, pues entonces no tiene sentido intentarlo.
Para Agnon, el camino corto a Israel se transformó en una incóngnita desde aquel día en que aquel judío degollo a su cabra. Para la Torá, el "atajo" hacia la Tierra Prometida desapareció desde aquel día en que los espías regresaron al campamento.
El mensaje es el mismo. Nuestros sabios lo dicen de manera ácida y tajante: "La Tierra de Israel solo puede ser adquirida por medio de tormentos" (Berajot 5a).
Yo lo diré de manera algo más suave, basándome en la historia de Agnón y en el relato de los espías: En lo que respecta a la Tierra de Israel, los "atajos" no existen desde hace mucho tiempo.
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
El atajo
Los hijos de Israel se encuentran a las puertas de la Tierra Prometida.
Hace una semana, en Parashat BeHaalotjá, leíamos acerca del llamdo de Moshé a su suegro: "Y dijo Moisés a Jovav, hijo de Reuel el midianita, suegro de Moisés: Vamos de partida hacia el lugar del cual el Eterno dijo: Yo os lo daré. Ven con nosotros y te haremos bien, porque el Eterno ha prometido que traería el bien sobre Israel" (BeMidvar 10, 29).
La Torá sugiere que el camino hasta ingresar a la Tierra de Israel era de unos pocos días nomás. Y de hecho la Parashá de esta semana no hace más que confirmar dicha impresión: en cuarenta días, los meraglim (espías) de nuestra Parashá, partieron, espíaron, cortaron del fruto de la Tierra y regresaron al campamento.
En términos del mundo antiguo, sin medios de transporte, aviones y helicópteros, cuarenta días de caminata no parece ser gran cosa.
Y aun así, todos sabemos lo que ocurrió con aquella corta caminata a la Tierra de Israel. Esos cuarenta días, se convirtieron en cuarenta años, y aquel paseo de los espías, se transformó en una pesadilla para una generación entera.
Mientras Caleb -e Ieoshúa- dijeron: "Subiremos y tomaremos posesión de ella, porque ciertamente prevaleceremos sobre ella" (BeMidvar 13, 30), el resto de los espías afirmaba con espíritu derrotado: "La tierra por donde hemos pasado para explorarla, es tierra que consume a sus moradores" (BeMidvar 13, 32).
¿Qué es lo que viene a enseñarnos la historia de los meraglim?
Permítanme responder a esta pregunta sirviéndome de un cuento de Shmuel Iosef Agnon Z"L llamado "La cabra".
Cuenta Agnon que a un judío polaco se le había recetado la ingestión de leche de cabra.
El hombre fue al mercado a comprar el animal, pero éste solía desaparecer de tanto en tanto. No obstante, cuando la cabra regresaba a casa del hombre, sus ubres estaban colmadas de una leche más dulce que la mismísma miel.
El anciano -intrigado- reveló a su hijo su deseo de saber hacia dónde huía la cabra. El hijo decidió atar una soga al rabo del animal y cuando ésta se dispuso a partir, el joven tomó la soga en sus manos y fue trás ella.
La cabra ingresó en una cueva, y el joven caminaba detrás suyo. Y así siguieron caminando un par de horas (o tal vez un par de días) hasta que la cueva desembocó en un lugar de colinas cubiertas por árboles frutales.
El joven preguntó a los moradores del lugar acerca del nombre de aquel paraje y se le respondíó que se hallaban en Tzefat, en la sagrada Tierra de Israel.
El muchacho se recostó por un rato a descansar y al levantarse de su siesta se dispuso a regresar a su casa para traer a su padre a la Tierra Prometida. Sin embargo comprendió que era víspera del Shabat y que no le alcanzaría el tiempo para regresar.
Fue entonces que decició redactar una nota a su padre, en donde escribió: "He llegado felizmente a Eretz Israel y desde la santa ciudad de Tzefat te escribo. No preguntes cómo he llegado aquí. Toma la soga atada al rabo de la cabra y ve tras ella. Así llegaras seguro a la tierra de Israel".
El joven colocó la nota detrás de la oreja de la cabra. Suponía que al llegar la cabra hasta su padre, éste le acariciaría la cabeza y ésta movería sus orejas haciendo caer la nota. Su padre leería el mensaje y vendría hacia Tzefat tomado de la cuerda.
Sin embargo ésto no ocurrió. La cabra regresó pero la nota no cayó al suelo y el padre supuso erroneamente que su hijo había sido devorado por una fiera.
Fue entonces que –preso de la trsiteza- el hombre decidió degollar a la cabra. Finalmente al hacerlo, encontró la nota arrojada sobre la tierra y comprendió todo lo que había ocurrido.
Pero obviamente ya era tarde. La cabra yacía muerta delante suyo y el hombre jamás logró conocer el preciso lugar de aquella maravilosa cueva.
Desde aquel día –cuenta Agnon- el atajo que conduce a la Tierra de Israel permance oculto a nuestros ojos.
....
Desde tiempos inmemoriales, muchos son los judíos que buscan "atajos" en lo que respecta a la Tierra de Israel. Y el hecho de que dichos judíos hayan nacido en ella o hayan venido a ella desde la diáspora resulta simplemente irrelevante.
Buscar atajos para la tierra de Israel equivale a pensar del modo en el que pensaron diez de los doce espías: Si hay que luchar por ella, pues entonces no tiene sentido intentarlo.
Para Agnon, el camino corto a Israel se transformó en una incóngnita desde aquel día en que aquel judío degollo a su cabra. Para la Torá, el "atajo" hacia la Tierra Prometida desapareció desde aquel día en que los espías regresaron al campamento.
El mensaje es el mismo. Nuestros sabios lo dicen de manera ácida y tajante: "La Tierra de Israel solo puede ser adquirida por medio de tormentos" (Berajot 5a).
Yo lo diré de manera algo más suave, basándome en la historia de Agnón y en el relato de los espías: En lo que respecta a la Tierra de Israel, los "atajos" no existen desde hace mucho tiempo.
Rabino Gustavo Surazski. Comunidad "Netzaj Israel", Ashkelon.
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